Teoría del Conocimiento
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INDICE
INTRODUCCIÓN
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CONTENIDO
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CONCLUSIÓN
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BIBLIOGRAFIA
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INTRODUCCIÓN
El conocimiento suele entenderse como:
Hechos o información adquiridos por un ser
vivo a través de la experiencia o la educación, la comprensión teórica o
práctica de un asunto de referente a la realidad.
Lo que se adquiere como información relativa
a un campo determinado o a la totalidad del universo.
Conciencia o familiaridad adquirida por la
experiencia de un hecho o situación.
Incluye el "saber qué", el
"saber cómo", el "saber cuándo" y el "saber
dónde".
No existe una única definición de
"Conocimiento". Sin embargo existen muchas perspectivas desde las que
se puede considerar el conocimiento, siendo la consideración de su función y
fundamento, un problema histórico de la reflexión filosófica y de la ciencia.
La rama de la ciencia que estudia el conocimiento es la epistemología o teoría
del conocimiento. La teoría del conocimiento estudia las posibles formas de
relación entre el sujeto y el objeto. Se trata por lo tanto del estudio de la
función del entendimiento propia de la persona
CONTENIDO
Tradicionalmente se ha considerado a la
teoría del conocimiento como una rama típica de la filosofía. Sus
cuestionamientos fundamentales sobre el origen y los límites del conocimiento
humano le dan esa característica filosófica de reflexión en torno a temas que
nunca tienen una respuesta última y a los cuales se retorna irremediablemente
una y otra vez. Sin embargo, es sabido que la frontera entre la filosofía y la
ciencia no es tan clara. Existe una concepción de la filosofía según la cual
los problemas que la ocupan son en realidad pseudo-problemas en el sentido de
que no tienen solución. Cuando se dan las condiciones para que un problema
filosófico se torne solucionable entonces deja de ser tal e inaugura una
ciencia en la cual los expertos en el tema se han puesto de acuerdo en los
métodos que se pueden utilizar para buscar dicha solución. John L. Austin, por
ejemplo, lo expresa así:
En la historia de las indagaciones humanas la
filosofía ocupa el lugar de un sol central originario, seminal y tumultuoso. De
tanto en tanto, ese sol arroja algún trozo de sí mismo que adquiere el status
de una ciencia, de un planeta frío y bien regulado, que progresa sin pausas
hacia un distante estado final. Esto ocurrió hace ya mucho tiempo cuando nació
la matemática, y volvió a ocurrir cuando nació la física.
En este sentido, no es que se menosprecie a
la filosofía por no poder resolver sus problemas, sino por el contrario, se
reconoce que es precisamente el trabajo filosófico lo que permite investigar
más profundamente un tema de interés. En la cita de Austin, este filósofo
reflexiona más adelante respecto a la posibilidad de ser testigo del nacimiento
de una genuina ciencia del lenguaje, que es el punto central de su indagación,
y termina diciendo “entonces nos liberaremos de otra parte de la filosofía
(todavía quedarán muchas) de la única manera en que es posible liberarse de
ella: dándole un puntapié hacia arriba”. De esta misma forma nos podemos
cuestionar si la teoría del conocimiento puede convertirse en una disciplina
científica. Tal vez por su carácter especial de ser la rama de la filosofía que
se pregunta precisamente por el conocimiento (incluido el conocimiento
científico) resulte un tanto paradójico y/o cíclico pensar en una ciencia que
hable sobre la ciencia y por lo tanto tenga que conservar más bien su carácter
de disciplina filosófica. En todo caso, las posibilidades de un acercamiento de
este tipo son el tema de este ensayo.
TEORÍA DEL CONOCIMIENTO VERSUS EPISTEMOLOGÍA
Antes que nada es necesario hacer una
distinción importante, ya que en ocasiones se utilizan las expresiones “teoría
del conocimiento” y “epistemología” como intercambiables. Históricamente, la
denominación “teoría del conocimiento” es más antigua y se refiere a esa rama
de la filosofía que probablemente inauguró John Locke con su Ensayo sobre el
entendimiento humano, aunque estas
preocupaciones por la naturaleza del conocimiento las podamos rastrear en el
pasado hasta Platón y Aristóteles, posteriormente en Bacon y Descartes, etc. En
cambio, el término epistemología es más reciente y se emplea sobre todo para
referirse a la teoría del conocimiento científico, es decir, a la disciplina
dirigida al estudio crítico de las ciencias y que tiene como objetivo
determinar el valor, el fundamento lógico y el campo de acción de ellas.
Hacemos esta diferenciación porque, como se
verá más adelante, precisamente una de las teorías que mencionaremos, pretende
eliminar esta dicotomía entre la teoría general del conocimiento y la teoría
del conocimiento científico refiriéndose a un principio de continuidad de los
procesos cognoscitivos.
FRACASOS DEL PASADO
A lo largo de la historia se ha intentado
construir diferentes sistemas filosóficos sobre el tema del conocimiento. Ya
mencionábamos en el punto anterior a John Locke quien representa el clásico
empirismo inglés. Su tesis fundamental es que todo el conocimiento proviene de
los sentidos, es decir, el único conocimiento válido es aquel que está
debidamente apoyado en una experiencia sensible. Esta propuesta obviamente es
opuesta al racionalismo de Descartes quien, por el contrario, duda de todo lo
que percibimos por los sentidos y busca entonces partir de un principio
indubitable que encontrará en la razón.
Así surge entonces el gran debate entre el
racionalismo y el empirismo, ninguno de los cuales se puede sostener debido a
su inclinación hacia sólo uno de los factores que intervienen en el problema
del conocimiento. Como una gran contribución que tiende a sintetizar estas
visiones del conocimiento, encontramos la obra monumental del gran Emmanuel
Kant titulada Crítica de la razón pura. Uno de los pilares de la tesis de Kant
consiste en haberle otorgado al sujeto que conoce un papel activo en el proceso
de organización de sus interacciones con el mundo físico. Kant introduce el
concepto de “categorías del entendimiento” que son a priori y que representan
estructuras o moldes mentales que el sujeto impone a las impresiones que recibe
por los sentidos. Las condiciones para que esto ocurra son el espacio y el
tiempo, que son intuiciones propias de la sensibilidad. Sin embargo, hay un
problema fundamental en esta visión que tiene que ver con la época en que fue
concebida (siglo XVIII). Rolando García lo explica de la siguiente manera:
Hay por consiguiente, para Kant, una forma
única de concebir el espacio y el tiempo, porque dichas formas provienen de
síntesis a priori que se imponen al entendimiento sin que ninguna nueva
experiencia o especulación pudiera cambiarlas. Pero sus características habían
sido establecidas por la ciencia –la ciencia de la época de Kant– y no podían
ser otras. Había un espacio absoluto y un tiempo absoluto, y en ellos ocurrían
los fenómenos físicos tal como lo explicaba la mecánica de Newton. Las
relaciones espaciales no podían ser otras que aquellas descritas por la
geometría de Euclides.
Así pues, la teoría del conocimiento de Kant
está fundada sobre la ciencia de su época, fundamentalmente la física de
Newton. Kant no tenía idea de que posteriormente se desarrollarían nuevas geometrías
no euclidianas y de que la física mostraría que las características del espacio
y el tiempo no podían ser descubiertas por la pura especulación filosófica. Es
decir, la nueva física de comienzos del siglo XX mostraba que la pura filosofía
especulativa no podía responder a las preguntas fundamentales en torno al
conocimiento: ¿qué es la realidad?, ¿qué se puede conocer de ella?, ¿cómo se
accede al conocimiento? La filosofía kantiana no podía responder a estas
preguntas en el contexto de la nueva física con espacio y tiempo relativos,
pérdida de la causalidad estricta en la física cuántica, etcétera.
Esto convocó a un grupo de grandes pensadores
a la empresa de formular un empirismo científico que se conoció como
positivismo lógico, pero cuya reacción a la filosofía especulativa y su vuelta
a un empirismo radical fueron tan excesivos que llevó a este intento de
comprender los fundamentos del conocimiento a una nueva crisis. Uno de los
aspectos de esta crisis consistió en que no puede sostenerse que el sujeto que
conoce reciba las impresiones del mundo exterior a través de sus sentidos en
forma pasiva y de ellas simplemente haga inducciones y cree así conocimiento.
Por el contrario, resultó claro que cualquier observación está cargada de
teoría y por lo tanto no podemos basarnos en un empirismo puro.
CONCLUSIÓN
Hemos tenido la oportunidad de mostrar cómo
las posiciones meramente empiristas y/o apriorísticas, tratadas bajo la óptica
de una filosofía especulativa, no resuelven el problema del conocimiento porque
en su planteamiento asumen que el punto de partida es algún factor específico,
ya sea de carácter sensible o intuitivo, en el cual no se puede reconocer cómo
comienza el conocimiento. En ese sentido, es necesario introducir
consideraciones de carácter dinámico y ver el conocimiento como un proceso.
Existe actualmente la investigación científica en el campo de la psicología y
de la neurofisiología que aclara muchos aspectos sobre la transición de los
procesos meramente biológicos, incluyendo los reflejos más elementales del
recién nacido, hasta acciones mucho más complejas que pueden ya ser
caracterizadas como cognoscitivas. La teoría constructivista extiende estos
procesos hasta los de la actividad científica introduciendo su principio de
continuidad.
Actualmente poseemos conocimientos
científicos que no existían en la época de Locke o de Kant y que no se pueden
ignorar al intentar dar solución al problema del conocimiento. No cabe duda que
abordar el estudio de este tema es una tarea multidisciplinaria, la cual debe
incluir todos los esfuerzos intelectuales que permitan construir una teoría más
completa e integral.
BIBLIOGRAFIA
Enciclopedia Microsoft® Encarta® 2009.
Nueva Enciclopedia Tematica Grolier 2012
https://www.ecured.cu
www.wikipedia.org
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